LO TRIBUTARIO (nº 656)

“Iuris et de iure. Iuris tantum”

Por lo general con referencia a la presunciones, las referencia en el Derecho Romano pueden ser: “Praesumptio iuris et de iure non admitii probationen in contrarium” (Odofredo, que duda de la verosimilitud en Digesto 4.2.23), que se traduce como “La presunción de Derecho y en Derecho no admite prueba en contario” y “Praesumptioni standum nisi contrario probatur” (Accursio, respecto de Digesto 23.3.57) que se traduce como “Se debe estar a las presunciones si no se prueba lo contrario”. Siendo la presunción “iuris tantum” la más habitual puede tener otras formulaciones: “Probatio vincit praesumptionem” (la prueba vence a la presunción) o “praesumptio cedit veritati” (la presunción cede ante la verdad). La presunción “iuris et de iure” es infrecuente (art. 643.2 Cc: “Se presumirá siempre hecha la donación en fraude de acreedores, …). Las presunciones legales admiten prueba en contrario, salvo que se diga otra cosa (art. 385.3 LEC).

Se debe señalar la diferencia entre la presunción racional (hominis) que es un razonamiento lógico, la presunción legal (legis: art. 385 LEC) que supone un razonamiento cuya conclusión se contiene en la ley y la presunción judicial (art. 386 LEC) que es un razonamiento que debe constar en la sentencia. Y se debe distinguir la “presunción legal” (que debería ser la conclusión de un razonamiento tácito y lógico) de la “ficción legal” que es un hecho que se da por indiscutible y que no se puede atacar sino contra la certeza del presupuesto de hecho del que parte (art. 1227 Cc: sobre la certidumbre de la fecha de los documentos privados). Es inevitable señalar que no es presunción todo argumento razonable (en alegaciones, exposiciones, resoluciones) mediante el que de un hecho conocido se deduce otro (deducción) o por el que de varios hechos ciertos se induce otro (inducción) que es el fundamento de la prueba de indicios (presunción inductiva cuando se prueban varios indicios en el mismo sentido); del mismo modo que no hay presunción (ni lógica ni jurídica) en las previsiones normativas aclaratorias (“a efectos de esta ley”, “a efectos de este impuesto”, “a estos efectos, …” “se entenderá que …”), aunque en la aplicación de la norma se utilicen como verdad indestructible (“a esos efectos”), lo que, en Derecho, no debe prosperar si se demuestra, se prueba o se acredita que no es como “se debe entender”.

En el ámbito tributario, el artículo 107 LGT establece que los hechos contenidos en las diligencias y aceptados por el administrado y las manifestaciones de éste se presumen ciertos y él sólo puede rectificar mediante prueba de que incurrió en error de hecho (igual en 144.2 LGT para los hechos aceptados en las actas y su rectificación); y el artículo 108 LGT regula las presunciones: las establecidas en las normas admiten prueba en contrario, salvo que una ley no prohíba expresamente (ap. 1); las no establecidas en norma exigen que entre el hecho demostrado y aquel que se trata de deducir haya un enlace preciso y directo según las reglas del criterio humano (ap.2); la Administración puede considerar como titular de algo a quien figure como tal en un registro público o fiscal, salvo prueba en contrario (ap.3); lo declarado por el administrado se presume cierto para él, salvo prueba en contrario; lo declarado sobre él por otros se presume cierto, pero si alega falsedad o inexactitud la Administración debe “contrastarlo”. Clamor y protesta, dentro de un orden, en un Taller de tributación.  

DE LO HUMANO A LO DIVINO

Se lleva en los genes. Si en 1985 se metió a la Hacienda en el mercado del dinero “negro” con los AFRO, sería natural que en 2020 se meta en el mercado de los planes de pensiones y poder manejar así el ahorro de los trabajadores. Lo pagaremos todos.

El cristiano vive la Comunión de los Santos con la alegría de saberse acompañado, ayudado, aconsejado y protegido por miles de millones de personas buenas que, desde el cielo o desde el purgatorio, siguen derramando el amor de Dios, que es amor, a todos los que, en esta vida, quieren avanzar con acierto por el camino que se hace cada día. Precisamente en lo ordinario de cada jornada, en las tareas corrientes, en las alegrías y en las penas, el cristiano descubre “el valor divino de lo humano” y su corazón late con el doble movimiento que lo anima: “de lo humano a lo divino”. Como escribe san Josemaría: “De lejos -allá, en el horizonte- parece que el cielo se junta con la tierra. No olvides que donde de veras la tierra y el cielo se juntan, es en tu corazón de hijo de Dios” (Surco 309)

Una parábola: “Y decía: - El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa la semilla sobre a tierra, y, duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. Porque la tierra produce fruto ella sola: primero hierba, después espiga y por fin trigo maduro en la espiga. Y en cuanto está a punto el fruto, enseguida mete la hoz, porque ha llegado la siega” (Mc 4,26-29). Es el mejor elogio a la vida sencilla de todos y de cada uno. De la vida que transcurre sin que dependa de nosotros que llegue el día o la noche ni las estaciones ni los años, sino que nos acomodamos a la novedad de cada nuevo instante. El cristiano lo sabe bien: “No os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad” (Mt 6,34). Y también: “Bien sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad antes de que se lo pidáis” (Mt 6,8). Y, en esa confianza en el amor del Amor, que el cristiano vive en la confianza de que ese amor es para derramar en todos, para tener un “traslado feliz: “Dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, colmada, rebosante: porque con la medida con que midáis se os medirá” (Lc 6,38)   

Amar, sin juzgar, sin excusa. Como dice san Bernardo: “Líbrate únicamente de ocuparte en vidas ajenas, como juez temerario o como espía curioso. Aunque sorprendas a alguien en la mayor atrocidad, no juzgues a tu prójimo, más bien excúsalo. Si no puedes escusar su acción, excusa su intención: piensa que ha sido por ignorancia, por sorpresa o por debilidad. Cuando la certeza haga imposible toda excusa, amonéstate a ti mismo y haz esta reflexión: “Ha sido una tentación muy fuerte ¿Cómo habría hecho yo, si hubiese sido tan violenta conmigo” (sermón 40)

Cristianismo es amar. Es el mandamiento nuevo: “Que os améis unos a otros. Como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros” (Jn 13,34-35). Y amar es vivir la caridad: “La caridad es paciente, la caridad es amable; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad, todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Co 13,4-7). “… Me di sin tender la mano / para cobrar el favor, / me di en salud y en dolor / a todos, y de tal suerte / que me ha encontrado la muerte / sin nada más que el amor” (Oficio de lecturas del Común de los Santos)

LA HOJA SEMANAL

(del 2 al 7 de noviembre)

Lunes (2)

Fieles difuntos
Palabras: “Os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, … (Jn 14,3)
Reflexión: ... estéis también vosotros”
Propósito, durante el día: Jesús, José y María, descanse en vos el alma mía

Martes (3)

San Martín de Porres, religioso (31ª TO)
Palabras: “Sal a los caminos y senderos e insísteles hasta que entren… (Lc 14,23)
Reflexión: … y se me llene la casa”
Propósito, durante el día: En la hora de mi muerte llámame y mándame ir a Ti

Miércoles (4)

San Carlos Borromeo, obispo (31ª TO)
Palabras: “Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío” (Lc 14,27)
Reflexión: El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío
Propósito, durante el día: Todo es tuyo, dispón de mí. Dame tu amor y tu gracia

Jueves (5)

Santa Ángela de la Cruz, virgen (31ª TO)
Palabras: “Felicitadme he encontrado la oveja que se me había perdido” (Lc 15,6)
Reflexión: Tenía cien, perdió una, salió a buscarla, la encontró, la cargó en los hombros
Propósito, durante todo el día: Gracias, perdón y ayúdame más

Viernes (6)

San Pedro Poveda, presbítero y mártir (31ª TO; día de penitencia)
Palabras: “Los hijos de este mundo son más astutos con su gente … (Lc 16,8)
Reflexión: … que los hijos de la luz”. El administrador infiel
Propósito, durante el día: No permitas que me aparte de Ti

Sábado (7)

San Florencio de Estrasburgo, obispo (31ª TO)
Palabras: “No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13)
Reflexión: “Dios os conoce por dentro”
Propósito, durante el día: Madre, mientras mi vida alentare, todo mi amor para ti

(la reflexión y el propósito los fija cada uno, claro)

Las lecturas del día 1, domingo (Todos los Santos) son palabras de alegría desde la antífona de entrada: “Gaudeamus omnes in Deo” (Alegrémonos todos en el Señor): “Apareció una muchedumbre inmensa que nadie podía contar… de pie delante del trono y del Cordero…” (Ap 7); “Cuando Él se manifieste seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es” (1 Jn 3); “Estad alegres y contentos porque vuestra recompensa será grande en el cielo” (Mt 12). ¡Santos! ¡Hijos de Dios! Herederos del cielo.

PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO

- “En el Evangelio de hoy, una vez más, Jesús nos ayuda a ir a la fuente viva y que brota del Amor. Y tal fuente es Dios mismo, para ser amado totalmente en una comunión que nada ni nadie puede romper. Comunión que es un don para invocar cada día, pero también compromiso personal para que nuestra vida no se deje esclavizar por los ídolos del mundo. Y la verificación de nuestro camino de conversión y de santidad está siempre en el amor al prójimo. Esta es la verificación: si yo digo “amo a Dios” y no amo al prójimo, no va bien. La verificación de que yo amo a Dios es que amo al prójimo. Mientras haya un hermano o una hermana a la que cerremos nuestro corazón, estaremos todavía lejos del ser discípulos como Jesús nos pide. Pero su divina misericordia no nos permite desanimarnos, es más nos llama a empezar de nuevo cada día para vivir coherentemente el Evangelio.

Que la intercesión de María Santísima nos abra el corazón para acoger el “mayor mandamiento”, el doble mandamiento del amor, que resume toda la ley de Dios y de la que depende nuestra salvación.” (Angelus, día 25 de octubre de 2020)

- “Por esto, si en una noche de oración nos sentimos débiles y vacíos, si nos parece que la vida haya sido completamente inútil, en ese instante debemos suplicar que la oración de Jesús se haga nuestra. “Yo no puedo rezar hoy, no sé qué hacer: no me siento capaz, soy indigno, indigna”. En ese momento, es necesario encomendarse a Él para que rece por nosotros. Él en este momento está delante del Padre rezando por nosotros, es el intercesor; hace ver al Padre las llagas, por nosotros. ¡Tenemos confianza en esto! Si nosotros tenemos confianza, escucharemos entonces una voz del cielo, más fuerte que la que sube de los bajos fondos de nosotros mismos, y escucharemos esta voz susurrando palabras de ternura: “Tú eres el amado de Dios, tú eres hijo, tú eres la alegría del Padre de los cielos”. Precisamente por nosotros, para cada uno de nosotros hace eco la palabra del Padre: aunque fuéramos rechazados por todos, pecadores de la peor especie. Jesús no bajó a las aguas del Jordán por sí mismo, sino por todos nosotros. Era todo el pueblo de Dios que se acercaba al Jordán para rezar, para pedir perdón, para hacer ese bautismo de penitencia. Y como dice ese teólogo, se acercaban al Jordán “desnuda el alma y desnudos los pies”. Así es la humildad. Para rezar es necesario humildad. Ha abierto los cielos, como Moisés había abierto las aguas del mar Rojo, para que todos pudiéramos pasar detrás de Él. Jesús nos ha regalado su propia oración, que es su diálogo de amor con el Padre. Nos lo dio como una semilla de la Trinidad, que quiere echar raíces en nuestro corazón. ¡Acojámoslo! Acojamos este don, el don de la oración. Siempre con Él. Y no nos equivocaremos.” (Audiencia general día 28 de octubre de 2020)

- “88. Desde la intimidad de cada corazón, el amor crea vínculos y amplía la existencia cuando saca a la persona de sí misma hacia el otro. Hechos para el amor, hay en cada uno de nosotros “una ley de éxtasis: salir de sí mismo para hallar en otro un crecimiento de su ser. Por ello “en cualquier caso el hombre tiene que llevar a cabo esta empresa: salir de sí mismo.” (Enc. Fratelli tutti)

(1.11.20) 

No hay comentarios:

Publicar un comentario